La Primera Crisis Política: Reformas en la PCM (II) / Por Alberto Segura.

Salomón Lerner renunció al cargo de Primer Ministro. Con su salida, los “Ciudadanos por el Cambio” perdieron su cuota de poder al interior del nuevo gabinete. El poder económico y los medios de comunicación aplaudieron la salida de la izquierda de la coalición de gobierno —y con ellos un gran sector de la opinión pública—. Todavía hoy resulta un misterio saber si Perú Posible (PP) continua siendo un integrante de la coalición, o si es un partido de oposición, sea cual fuera el caso, es claro que no tiene mucho poder de influencia.

En Política es Saludable Desconfiar de las Respuestas Sencillas
Frente a la ausencia de lazos entre las personas y los partidos políticos, son los medios de comunicación los que se encargan de llenar la necesidad de un “nosotros” vinculante. Pero los medios no son neutrales —aunque gasten muchos recursos en parecerlo— tienen intereses particulares —como cualquier otro grupo de interés—. El poder mediático tiene un impacto fundamental en la configuración de la sociedad de masas: es capaz de conseguir que la opinión pública defienda los intereses de los grandes broadcasters percibiéndolos como propios. Los intereses mediáticos se encuentran hermanados —a través de millonarios contratos publicitarios— a los intereses particulares del gran poder económico —que abarca desde la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP) hastala Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE)—. Entendido esto, es sencillo comprender porqué los medios masivos tuvieron la misma postura crítica frente a la candidatura reformista de Humala. Se entiende también porqué aplaudieron el Estado de emergencia en Cajamarca y porqué tuvieron más o menos el mismo argumento frente al fracaso del gabinete Lerner: “La izquierda no sabe ser gobierno, sólo oposición”. Algunos medios fueron incluso más allá, sosteniendo que el Gabinete Lerner estaba conformado por políticos, y que esta fue su principal debilidad —de esta forma mostraron su apoyo tácito al gabinete Valdés, dado su carácter eminentemente “técnico”—.

¿Qué Falló en el Gabinete Lerner?
En general, se tuvieron groseros problemas de coordinación; en particular, se optó por el excluyente juego de la silla en la PCM y fueron los reformistas quienes al final de la canción se quedaron en pie. Profundicemos. Es normal que en un gabinete que representa a una coalición, ante temas espinosos como el proyecto Minas Conga, no existan propuestas unidireccionales, y está bien que esto suceda, el pensamiento único es siempre una debilidad. Sin embargo, estas discusiones deben manejarse al interior dela PCM y nunca a través de los medios de comunicación. ¿Qué pasó entonces? Las declaraciones del ex Ministro de Defensa Daniel Mora dan claridad al respecto: El gabinete Lerner no sesionaba con frecuencia, y menos aún durante el periodo del conflicto medioambiental en Cajamarca. Si el presidente no sesiona con el total de sus ministros, sino sólo con algunos —como Castilla del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y Descalzi del Ministerio de Energía y Minas (MEM)— para coordinar la toma de grandes decisiones, se elimina el imprescindible espacio de dialogo al interior del gobierno de coalición. Este fue el principal problema: no existió concertación al interior del llamado “gabinete de concertación”.

Ante la falta de dialogo, algunos representantes del sector reformista —el ex Primer Ministro Lerner, el ex Ministro del Ambiente Giesecke y algunos ex asesores dela PCM— intentaron presionar a quienes “cortan el jamón” desde afuera —a través de los medios de comunicación—. Para entender por qué se convirtieron en oposición de su propia gestión, se debe considerar que estas personas sabían mejor que nadie que habían sido excluidos del entorno presidencial, frente a esto, percibieron su postura como “legitima”, al interpretar que estaban defendiendo los intereses de los cajamarquinos, por sobre los intereses de un influyente Roque Benavides —dueño de la empresa minera Yanacocha—, de un Descalzi frente del MEM —preocupado en promover la inversión minera por sobre cualquier cuidado ambiental— o de un Miguel Castilla frente al MEF —quien se desempeñó como el principal asesor económico detrás del “Conga va” presidencial, a pesar de los vínculos laborales de su hermana Carolina Castilla con Yanacocha—.

Cambio de Gabinete
Como lo fue Lerner, Valdés es un premier sin cartera. En un sistema de gobierno presidencial, donde el premier es elegido a dedo por el presidente, este se encuentra condicionado a desempeñarse como un “bombero político”, apagando conflictos sociales a diestra y siniestra, chamusqueandose él en lugar del presidente. En estas circunstancias, las mismas características que hacían de Óscar Valdés un buen Ministro del Interior, lo hacen ser un mal Primer Ministro —como lo demostró durante la “mesa de negociación” con el Presidente Regional de Cajamarca Gregorio Santos—. La política según Gramsci es una mezcla de coerción y consenso, pero Valdés es bueno sólo para lo primero.

El cargo de Ministro de Estado es esencialmente un cargo político. Cuando se tiene a técnicos al frente de ministerios lo que suele ocurrir es que tarde o temprano se dispararán en los pies —como no tardó en hacerlo la  Ministra de la Mujer Ana Jara—. Son necesarios los técnicos al interior de los ministerios, pero también son necesarios los políticos. El Gabinete Valdés está conformado por técnicos muy capaces, pero se está confundiendo las cosas al excluir a los políticos de la política. Habermas entendía la política en 3 niveles: Los políticos que deciden, los técnicos que saben y la opinión pública que aplaude o se indigna.

¿Que Pasará con los  Conflictos Sociales?
Este nuevo gabinete posiblemente se muestre más armónico que el anterior, debido a que las decisiones intersectoriales se encontrarán sintonizadas desde arriba. La concentración del poder en la figura del presidente se hará cada vez más notoria; frente a esto, la otra cara de la moneda será que el proceso de descentralización será dejado de lado —al percibirse a los gobiernos regionales como una amenaza para las decisiones soberanas tomadas desde la capital—. Al tener ministros tecnócratas el Ejecutivo no podrá evitar trastabillar con declaraciones “políticamente incorrectas”, lo que posiblemente repercutirá negativamente en los índices de aprobación del gobierno. Por otro lado, tendremos a un Primer Ministro que no podrá ser el vocero carismático que complemente las lacónicas declaraciones del presidente, pero tampoco podrá desempeñarse eficientemente como el “bombero político” que los conflictos sociales necesitan. Si todo sigue como hasta ahora, posiblemente tendremos menos concertación y más Estados de emergencia.

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