Racismo en la TV / Por Alberto Segura.

Era el cambio de mando presidencial, 28 de julio del 2011. Cubriendo la ceremonia protocolar en el Congreso, una periodista de televisión armada de un micrófono, va fisgoneando a través del recinto, cubriendo con un especial interés los vestidos usados por los políticos presentes. Una vez acabada la vergonzosa pataleta de la bancada fujimorista durante gran parte del discurso presidencial, aprovechando que Ollanta Humala se encontraba rumbo a Palacio de Gobierno, la despreocupada periodista opta por caminar por las afueras del Congreso de la República, y entonces sucede.

Llama su atención una mujer aymara en traje de gala típico –y no quechua como dice negligentemente la voz en off del reportaje– como si Puno no perteneciera al Perú, se sorprende de encontrarla, como si el juramento presidencial no fuera de interés nacional, como si la función del Congreso no fuera REPRESENTAR a todos los peruanos,  y no puede evitar hacerle una nota, tampoco puede esconder su sorpresa al enterarse que esta mujer es periodista –una colega profesional–, esputando con un despreciable acento tutelar “con su credencial de prensa” mientras le voltea la identificación para que la cámara cómplice lo certifique –y nosotros a través de ella–. Merece una mención especial la horrorosa música circense con la que presentan a esta periodista aymara mientras la cámara le hace un paneo de cuerpo entero, como si se tratara de un espectáculo de variedades.

La entrevista en sí misma no tiene importancia ni para la periodista, ni para los que editaron el reportaje, a lo largo del vídeo vemos como la mujer aymara es interrumpida una y otra vez, tratada como si fuera una niña a través de un insufrible tonito de superioridad con el que la periodista capitalina le habla todo el tiempo; y justo al final, en el colmo del cinismo, a través de la edición cortan su declaración, y es que en el fondo nunca importó lo que tuviera que decir, sólo importaba mostrarla como una exótica asistente en medio de una ceremonia tan exclusiva e importante.

Todos recordamos como los canales de televisión, luego de la 1era vuelta presidencial, nos mostraron reportajes condenando consensuadamente el racismo en el Facebook. Ese tipo de racismo burdo y exagerado no resulta peligroso para el país, es tan grosero que genera su propia censura; en cambio, el racismo cotidiano que muestra este reportaje, el cual tiene la preocupante capacidad de pasar desapercibido, es el racismo realmente peligroso. Hace tan “natural” que tratemos como subalternos a los compatriotas del interior del país, que ya no indigna a nadie, a pesar de ser visto por millones de personas a nivel nacional, un día domingo por la noche, en pleno horario estelar.

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